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Sustersic con la imagen de Santa Rosa de Lima, cuyas manos se ensamblan. Foto: Gentileza Museo del Barro |
Los guaraníes no eran sólo buenos copistas del arte
europeo traído por los jesuitas, sino que tenían su propia estética. La
afirmación, que difiere de todo lo que se dijo hasta ahora sobre el arte
guaraní, es la conclusión a la que llegó el investigador argentino
Darko Sustersic después de cuatro décadas de estudios.
Sustersic, director del Instituto de Teoría e Historia
del Arte Julio Payró de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires (UBA), va más allá, y afirma que la cultura
guaraní no fue sometida por la jesuítica, como muchos afirman, y que sus
creaciones merecen una página en la historia del arte universal.
"
El arte guaraní no es una anécdota, sino la expresión de
una civilización extraordinaria, una cultura que quedó oculta, como
enterrada; la estoy desenterrando", dijo, en diálogo con La Nacion, en
su oficina del Instituto Payró.
Las evidencias que encontró en los últimos veinte años de
investigaciones de la escultura de los guaraníes que vivían en las
misiones jesuíticas, con más de 500 fotografías tomadas por él mismo,
fueron publicadas en
Arte jesuítico g uaraní y sus estilos, por la Universidad de Buenos Aires, y con el título
Imágenes guaraní-jesuíticas, Argentina, Brasil y Paraguay , por
el Museo del Barro de Asunción, Paraguay.
Exhibido en la Feria de Fráncfort 2010, la edición
paraguaya llegó a investigadores alemanes que enviaron felicitaciones a
Sustersic porque "al fin" existe una historia del arte guaraní.
"¿Críticas? Aún no las recibí, las estoy esperando", dijo quien, a los
75 años, continúa dando clases en la carrera de Historia del Arte de la
UBA y dirige una maestría de la cultura jesuítica guaraní en Oberá, de
la Universidad Nacional de Misiones.
Los guaraníes, diestros en trabajar la madera, explica
Sustersic, tomaban de las imágenes europeas ciertos elementos e
introducían otros. De ahí que "
entre las estatuas guaraníes no se
encuentren los presuntos modelos europeos".
Entre las características de la estética delineada por
sus estudios, Sustersic menciona la forma cilíndrica de las primeras
imágenes -a las que llamó "estatuas-horcón"- que conservaban la forma
del tronco del árbol y cuyas cabezas y manos se hacían por separado de
forma que se pudieran ensamblar. "Cabezas y manos que se podían sacar
con facilidad por si atacaban al pueblo y había que huir o se producía
un incendio", explicó el investigador. Pero no todas las estatuas son
macizas; algunas tienen túnicas ahuecadas.
Otra característica es que las imágenes guaraníes miran
al espectador y no al cielo, como en éxtasis, como es habitual en el
estilo barroco europeo. "
El guaraní quería comunicarse con los santos,
no aceptaba que fuera sólo algo para mirar, tenía que ser para dialogar,
para rezar", explicó.
Y agregó: "La mayoría de los libros de historia del arte
de las misiones quedaron caducos porque sostienen que se trató de una
imposición de una cultura dominante sobre una dominada. Comparando las
imágenes, nos damos cuenta de que hubo una selección y resistencia de
los guaraníes, que adoptaron el movimiento de las telas, por ejemplo,
pero no la dirección de las miradas".
"Al artista guaraní, en general, se le negó la capacidad
creadora porque él no podía inventar imágenes en el estilo barroco, que
era el de los misioneros de esa época, de los siglos XVII y XVIII. Los
guaraníes hacían algo muy diferente, más geométrico y rígido. Sus
primeras esculturas eran cilíndricas, más parecidas a los troncos, que,
para el gusto barroco de los jesuitas, era todo echado a perder,
arruinado, pero para el gusto moderno, son más interesantes", dijo el
experto.
La prueba más evidente de que los jesuitas aceptaron esta
estética guaraní, según Sustersic, es la fachada del templo de
Concepción, donde el principal maestro de arte jesuita, el hermano
Brasanelli, después de 20 años de vivir en las misiones, entronizó seis
imágenes de escultores nativos en estilo guaraní. Tres de esas estatuas
se conservan en el jardín del Museo Enrique Udaondo, de la ciudad
bonaerense de Luján.
Pesebres diferentes
"Esta historia del arte me permitió descubrimientos
notables como los niños Jesús de los pesebres del siglo XVII, que no son
los barrocos que vemos aún hoy con las manitos alzadas, como jugando,
desnuditos y sonriendo al espectador. No eran así;
los niños Jesús
guaraníes estaban envueltos, como los bizantinos, pero no hasta el
cuello, sino hasta la cintura. Esto no pudo ser copia de ninguna imagen
europea porque en Europa no existía nada parecido en esa época barroca",
afirmó.
El docente afirma que la producción guaraní-jesuítica se
extendió desde la fundación de los primeros pueblos, cerca de 1610 hasta
la expulsión de los religiosos, en 1768, y que el estilo se mantuvo
hasta hoy en una imaginería doméstica y popular.
"Aunque muchos creen que no tienen nada que ver con la
jesuítica antigua, sin embargo, estudiando a fondo esas pequeñas
imágenes domésticas, se encuentran elementos comunes", puntualiza.
Por
Silvina Premat
| LA NACION