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¿Qué nos sucede a los paraguayos?

Interesante nota publicada en ABC, es para pensar!

Estoy en Canadá desde hace 4 semanas, en Brampton, una ciudad pegada a Toronto, así como Villa Elisa a Asunción aproximadamente en distancia. Toronto es una hermosa ciudad rodeada de pequeñas y lindas ciudades… Ellos le llaman Gran Área de Toronto (donde habitan unos 7 millones de habitantes), así como nosotros le llamamos Gran Asunción al conjunto de ciudades que rodean a nuestra capital haciéndola dinámica y absorbente.


Gloria Ayala Person (*)

En mi calidad de “visita”, tengo la excelente oportunidad de “observar” todo lo que me rodea, admirar los hermosos edificios, torres, lagos, plazas, jardines, parques, la limpieza de las calles, la educación y amabilidad de la gente, etc., pero lo que no puede pasar inadvetido a ningún visitante es la heterogeneidad que aquí reina. 


Hay gente de absolutamente de todos los colores. Para que se den cuenta, les comento como ejemplo que estoy asistiendo a un curso de inglés, y en mi clase somos 30 estudiantes, provenientes de 30 países, no hay una sola nacionalidad repetida, y eso resulta normal en este país, donde todo está dispuesto para el inmigrante. Tengo compañeros de Sri Lanka, Nepal, Vietnam, Alemania, Guyana Francesa, Guatemala, El Salvador, Kenia, México, Nigeria, Colombia, Sudán, Tailandia, Namibia, India, China, Corea, Japón, Rusia… y hasta estoy yo, la paraguaya. 


Este país, el segundo más grande del mundo en espacio físico, tiene solo 35 millones de habitantes, pero no sabría decirles cuantos han nacido aquí. El Gobierno hace todo lo posible para atraer a nuevos inmigrantes, que contribuyen enormemente a dinamizar la economía canadiense. 


En estos días, me he percatado de esplendidas situaciones. Podrán ustedes imaginarse la variedad de religiones, comidas, idiomas, costumbres y creencias que conviven en este lugar. Sin embargo, reina una armonía y respeto total entre sus habitantes. 


El factor común que une a todas estas personas es la necesidad de encontrar un lugar donde puedan desarrollar sus vidas. Muchos han renunciado a ejercer su profesión de médicos, ingenieros, zoólogos, biólogos; dejando familia, amigos, experiencia, es decir, dejando sus vidas, en la búsqueda de una mejor calidad de vida, que no siempre se trata de ganar más dinero, sino simplemente de poder vivir en paz y con seguridad. 


Aquí el invierno es muy duro, 6 meses las temperaturas están entre -40 y -10 grados centígrados; otros 3 meses son de primavera, donde las temperaturas están entre -2 y 20 grados centígrados, pero con viento frío y bastantes lluvias; solo 3 meses gozan de un verano donde la temperatura puede llegar a 35 grados centígrados. 


¿Ustedes se pueden imaginar levantarse a la mañana para ir a trabajar (o los niños, para ir al colegio) cuando está haciendo -40 grados, abrir la puerta y encontrar 2 metros de nieve en tu vereda, que tenés que palear para poder alcanzar la calle y sacar tu auto (o caminar hasta la parada del autobús)? Este es un país donde, sin duda, la palabra sacrificio debe ser una de las primeras que se aprenden. 


Sin embargo, la gente vende todo lo que tiene desde todos los rincones del planeta para viajar tan lejos y radicarse aquí… buscando paz para sus familias. 


Nosotros tenemos un país donde hace calor todo el año, no existen terremotos, maremotos, ni ningún otro desastre natural que nos pueda afectar. No tenemos diferentes etnias para poner la excusa de que no nos entendemos por nuestros orígenes. Somos poquitos, así que ni siquiera podemos justificarnos diciendo que nos molestamos porque estamos encimados… Entonces, ¿alguien me puede decir qué es lo que nos sucede a los paraguayos? ¿Por qué no podemos seis millones de personas trabajar unidos en construir este maravilloso Paraguay? ¡Que no es de nadie más que nuestro! 
Nosotros, los agricultores, empresarios, estudiantes, industriales, profesionales, madres de familia, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, mujeres y hombres, somos los dueños de un paraíso, pero nos esforzamos cada día en descomponerlo. 


¿Qué haríamos sin los agricultores? ¡No tendríamos en nuestra mesa qué comer! ¿Que haríamos sin los empresarios? Son los que generan empleo en el país… ¡Necesitamos más empresas! ¿Qué haríamos sin los industriales? ¡Son los que nos permiten tener productos que comercializar con el valor agregado de nuestra mano de obra! ¿Que haríamos sin los profesionales? ¡Son los que mejoran con sus servicios nuestras vidas! ¿Qué haríamos sin nuestras mamás que nos educan en nuestras tradiciones? Nuestros niños y adolescentes que enriquecen con sonrisas la mitad del país, nuestros jóvenes que viven angustiados entre la esperanza propia de la edad y el continuo escenario negro que contamos los adultos. 


Por ello, este artículo, más que ser redactado desde mi carácter de economista, va dictado desde el corazón de mamá, que extraña terriblemente a mis 4 hijos (y también a mi marido), y no puedo contener las lágrimas pensando en esas mamás que vieron partir a sus hijos o que dejaron a sus hijos para buscar empleo en otros países. 


¿Hasta cuándo seguiremos descomponiendo nuestras calles, nuestros parques, nuestras vidas? Los niños deben volver a jugar en nuestras veredas, los vecinos tenemos que volver a sentarnos en la calle a tomar tereré y conocernos. ¡Amemos nuestra tierra, no tiremos basura a las calles, respetemos el trabajo de nuestros vecinos; conversemos con la gente en el súper, en el bus, en la calle, en el shopping, en el colegio, en las empresas! 


Si no nos conocemos, no nos podremos amar, y si no nos amamos, no podremos cuidarnos, y si no nos cuidamos los unos a los otros, entonces estamos abandonando lo único que nos queda para reconstruir nuestro paraíso; se lo regalamos a los ladrones, a los criminales, a los peajeros, a los secuestradores, a los estafadores y a los coimeros. 


En nuestro país existe demasiada inequidad social; para poder acercarnos los unos a los otros, tendremos que zanjar nuestras diferencias en el nivel educativo y de salud; son claves para que empecemos a tener las mismas oportunidades de progresar en la vida. Hijos de ricos y pobres se merecen la misma oportunidad de conseguir un empleo digno, y para ello es fundamentar la base de la educación y la salud. Pero estoy segura de que el camino para acercar esas diferencias no pasa por alejarnos del Paraguay. Somos dueños de este país, nos pertenece, y les pertenece a nuestros hijos ¡Es nuestro! Tenemos el derecho de habitarlo, de mejorarlo, de construirlo y de amarlo. No permitamos que nadie nos quite ese derecho, luchemos con amor y respeto a quienes osen pensar que pueden ganarnos ese espacio. 

Gloria Ayala Person (*) 
Presidenta de “Corazones por la Infancia”

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