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La Historia del Paraguay en 20 capítulos - Hoy capítulo 17



Fue electo Wasmosy, tal que asumió sus funciones en agosto de 1993. Y se convirtió, para mal de muchos, en el presidente de la República del Paraguay. El tiempo se encargó de demostrar y desnudar las intenciones del nuevo grupo que se hizo del poder.

Fueron claras las intenciones de estos, que el fin era la de privilegiar los intereses comerciales, antes que dedicarse a la administración del país. La unión a saliva de Seifart con él, completamente ajenos el uno al otro, en posturas, intereses y convicciones, no tardó mucho tiempo en resquebrajarse completamente, apeligrando incluso, la institucionalidad de la república, y otras instituciones en las cuales se lograron importantes negociaciones en sus conformaciones, y en el equilibrio en las decisiones que estas adoptasen.

El mismo Wasmosy se lanzó posteriormente a hacer apología del golpe de estado, con discursos, donde atacaba a la misma investidura del poder legislativo, donde dadas las circunstancias, el oficialismo estaba en minoría, a pesar de los fraudes electorales. En reuniones a puertas cerradas en los cuarteles, azuzaba a los militares, presionándolos con un eventual auto golpe, proponiendo la disolución del congreso. Varias grabaciones furtivas de estas reuniones fueron hechas públicas, constatándose que Wasmosy, en reiteradas ocasiones pretendió implicar al poder legislativo como causante de algunas situaciones comprometidas del que hacer nacional. Esta situación se debía a que un elemento jugó en su contra. Wasmosy fue impuesto en las internas del partido colorado cuando era candidato presidencial.

Como dijimos, Argaña fue el verdadero vencedor en aquella oportunidad y tendría que haber sido él el candidato. Los grupos fácticos, mediante procedimientos dolosos, habían eliminado al mismo, y urgieron a Wasmosy como candidato del partido, tal que tenía en su contra internamente, a un sector muy importante del electorado del partido, que se opuso y resistió a esta nominación, hecho que quedó reflejado en las urnas, donde Wasmosy obtuvo apenas el 40% de votos, quedando el partido colorado en minoría en ambas cámaras del poder legislativo. Un partido hegemónico, totalitario y dominante, donde sus líderes acostumbrados a tomar decisiones unilaterales sin consulta ni oposición alguna, repentinamente se enfrentó a esta realidad, donde se tenía que consensuar para lograr metas. En este punto entró a tallar la importante y valiosa capacidad de la oposición a conciliar posiciones, llegar a acuerdos y obtener logros. Es así, que tomado en desventaja al partido gobernante, e incluso con fuertes contraposiciones y falta de unidad interna, se lograron obtener la confección de nuevos padrones electorales, eliminando los antiguos, llenos de vicios y fraguadas en el régimen anterior. Además, dadas estas circunstancias, se lograron otros objetivos, como la modificación del poder judicial, donde aún siendo un botín en repartija, se equilibraron las proporciones de magistrados sectarios, haciendo mísera la valoración de este poder, pero al menos con menos desequilibrios. Además se lograron la creación de los jurados de enjuiciamiento de jueces, la modificación de la justicia electoral, la contraloría general de la república, la fiscalía general del estado, etc.

La administración del ingeniero Wasmosy se centró casi en exclusividad en afianzar la generosidad gubernamental hacia los círculos afines a sus intereses. Como macroproyectos planteados a los países vecinos, como vías de navegación (Hidrovías, corredores oceánicos con rutas transcontinentales, puentes, etc.). Así, se dieron concesiones de obras y negociados a empresas cercanas a él, y a su grupo de poder. Las cosas no finalizaron ahí. El periodo presidencial de Wasmosy será grabado a fuego en la historia como en el que hizo colapso el sistema financiero del país, con dos grandes quiebres con numerosas entidades financieras quebradas, donde miles de usuarios quedaron totalmente desamparados, como así también, la innumerable cantidad de veces en que el Banco Central del Paraguay, órgano rector bancario y depositario del tesoro nacional, sufrió mermas de sus reservas ya sean por sustracción directa (robo) de sus bóvedas, o por distribuir erario público para apoyar a los clientes defraudados de estas entidades quebradas. Empleó al I.P.S., (Instituto de Previsión Social), otra Institución recaudadora y de gigantesca e inagotable cantidad de capital, como fuente de financiación a empresas privadas amigas y deficitarias, debilitándola a grados tales que su capacidad de asistencia sanitaria se vio seriamente afectada.


1996: El general Oviedo, su retiro y la creación del UNACE.
Salto a la Arena Política

Wasmosy tuvo inconvenientes internos posteriormente también con el general Lino César Oviedo Silva, quien era su mentor, respaldo y resguardo. Este último, con una extraordinaria capacidad de maquinación, manipulación, delación y todo tipo de actos coercitivos, fue deshaciéndose de todos los oficiales que le eran superiores en la cadena de mandos en las FF.AA., tal que fue ascendiendo vertiginosamente hasta llegar a los más altos cargos castrenses. Siendo Comandante del Ejército, una de las tres fuerzas, se afianzó en el tráfico de influencias y en el direccionamiento de importantes porciones del parlamento, y de la administración general de la república, y de los puestos de decisión.

En abril de 1996, Wasmosy, mediante un comunicado, adujo que, según sus propias expresiones, Oviedo desacató órdenes que él, como Presidente y Comandante en Jefe de las FF.AA., le había encomendado u ordenado realizar. Esto produjo una inmediata reacción de la ciudadanía que viendo está actitud, no podía más que inquietarse ante un eventual golpe de estado castrense; ya que adujo además, que Oviedo amenazaba con un golpe de estado, exigiendo la renuncia del presidente y del vicepresidente Seifart. La realidad detrás de todo esto era el choque de intereses comerciales y económicos poderosos entre Oviedo y Wasmosy; en posiciones a esas alturas totalmente irreconciliables. Un sector importante de la ciudadanía salió a las calles, y se manifestó apoyando y defendiendo a la democracia, y a la vigencia plena de las libertades públicas; no así al mismísimo presidente, que daba una imagen de fragilidad, flaqueza y debilidad ante estos acontecimientos. El pueblo asunceno, sobre todo la juventud, apoyó al sistema de vida republicana, desalentando al quiebre institucional, no así a la ya muy mala y lamentable labor del presidente a esas alturas. Lo lamentable de este hecho fue que se desnudaba una cruda y terrible realidad.

Sólo Asunción se hizo eco de este acontecimiento. En el resto del país, se hizo patente los estragos de la alienación sexagenaria totalitaria. Nada ni nadie se hizo sentir ante esto.

Oviedo fue pasado a retiro, debido a la sorpresiva situación, que le imposibilitó concretar (efectivizar), un respaldo popular a su persona, ya en entonces bastante gozando de una masa considerable, con un sector de la sociedad que le precisaba simpatía. Se lanzó a la arena política, función que ya lo estaba desempeñando mientras era militar activo. Conocedor profundo de la forma de ser del paraguayo, de sus gustos, sus necesidades, sus usos, sus costumbres, debido a que él es de cuna y ascendencia campesina, así como cercano ideólogo y colaborador militar en la época stronista. Se transformó entre la gente de pueblo en un líder carismático, tal que explotó hasta el límite estos aspectos mencionados, con una postura demagógica y populista, con un discurso falto de coherencia, pero enfervorizado y álgido, tal que fue ganando un creciente e importante caudal electoral, formando una respetable masa de fervientes seguidores y simpatizantes. Así, mientras fue militar activo, tomaba arbitraria y desmesuradamente atribuciones que no le correspondían, digitando obras sociales, actos públicos y concesiones graciosas bajo el abuso del erario público, ganándose mediante estos favores, a un respetable electorado. Pero tuvo un error político transcendental. Apadrinó, protegió y llenó de dádivas a solo los oficiales correspondientes al arma de la caballería, mediante la distribución estratégica de las bases militares en las fronteras en manos del Arma de Caballería, del cual él era originario dentro del Ejército; donde los oficiales mediante procedimientos ilegales e ilícitos de toda índole, obtenían dávidas y ganancias considerables, y convirtiéndose rápida y eficazmente en leales subordinados a Oviedo, siendo la base y el sustento para sus pretensiones, y que luego, serían cruciales en el derrotero futuro de Oviedo. Esto no hizo otra cosa más que crear una fisura irreconciliable dentro de las Fuerzas Armadas, donde los miembros de las otras Armas (Infantería, Ingeniería, etc.) y Fuerzas nunca pudieron sustraerse a tamaño despropósito (¿o injusto?).

Textos: Victor E. Baruja R. y Ruy G. Pinto Sch.
Imágenes e Historiografía: Jorge Pérez Paiva.

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