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La Historia del Paraguay en 20 capítulos - Hoy capítulo 16


En el año 1989, asumió el poder, el consuegro de Stroessner, el general Andrés Rodríguez Pedotti, pariente en su oportunidad para mantener y afianzar lazos e intereses comunes. Se enfrentó primeramente subrepticiamente al entorno del dictador, por problemas de índole comercial. Ya fallecido, por un cáncer en el colon, este general, más bien por las circunstancias coyunturales que le tocó sufrir, que otra cosa, tuvo éste propósito. Aunque también a la vez, ya se vivían situaciones caóticas y extremas en el país, como la tremenda y grave crisis económica, donde grupos de ciudadanos, envalentonados por los vientos de cambio en los países del área, se lanzaban a las calles de la capital con esporádicas y pacíficas manifestaciones, constante y brutalmente reprimidas por la policía política.

Fundamentalmente afectado en sus intereses económicos por directivas impuestas desde el gobierno, realizó un golpe de estado, defenestrando al anciano dictador, que en la fecha ya contaba con 76 años. (Nació en 1912, mal que pese). Al cabo de este suceso que duró una madrugada, entre el 2 y el 3 de febrero, el país vivió una explosión de júbilo, donde gran parte del pueblo se lanzó a las calles a festejar la caída del despótico, corrupto y sanguinario régimen.

Rodríguez era el único capaz de defenestrarlo. No existía nadie en el país con una mínima capacidad de enfrentarlo. El general Rodríguez comandaba la 1era División de Caballería, que disponía de carros de asalto y blindados, y bajo sus directas órdenes estaban todas las unidades de caballería leales a él, ya que era su comandante desde la década de los años 60. Rodríguez, dados los vientos democráticos que surgían en todo el orbe en esos años (1989), dio una apertura absoluta a las libertades públicas, sorprendiendo al país, cuya mayoría ciudadana la aprobó con una explosión de algarabía sin par, viendo que después de tantas décadas de represión y sometimiento, se podía objetar, opinar y criticar. El pueblo así, tomó las calles, ávido de libertad, de pensar, de discutir, de gritar.

De la noche a la mañana el país bullía de expectativas, de ansiedades reprimidas. Así surgieron medios de comunicación liberados que iniciaron una maratónica y desgastaste concientización cívica ciudadana, que a lo largos de los años rindieron fruto como veremos más adelante.

Pero alrededor del general Rodríguez, se mantuvieron muchos grupos de poder, tanto económicos como políticos, con grandes y profundos lazos con el régimen anterior, y el proceso que se dio a partir de allí, se vio frustrado en gran medida, debido a estas circunstancias. Pero se avanzaron en grandes aspectos, en el campo político, se liberaron aquellos partidos políticos proscritos, prohibidos y perseguidos, se modificó la Constitución Nacional, volvieron los exiliados políticos, se permitieron las elecciones de Intendentes comunales y juntas municipales, anteriormente designados directamente por el régimen, y se dio inicio a la gran aventura de encauzar los destinos del país, ya tan destruido a estas alturas.


1993:
Primeras Elecciones con la nueva Constitución Nacional de 1992

Estos grupos que rodeaban a Rodríguez, y de que por supuesto él también formaba parte, se mantuvieron en el poder cambiando de estrategia, teniendo siempre al partido colorado como elemento indispensable de herramienta de poder.

La base a partir del cual iban a proceder en esta oportunidad los poderes fácticos, surgidos de las grandes estafas y robos en el régimen stronista, era la del uso y abuso del poder, a partir del tesoro del estado, empleando la descomunal infraestructura del partido colorado, montada en los 40 años de abuso de los bienes del estado, que a fuerza de sometimiento y manipulación colectiva como partido único, había formado un impresionante y respetable caudal electoral, como así también de la formidable distribución de sus respectivos locales partidarios repartidos a lo largo y ancho de la república. Empleando la fuerza del dinero, se adueñaron del aparato partidario, dominándolo y poniéndolo a sus servicios, vaciándolo de contenido ideológico y programático, (que ya Stroessner en primera oportunidad, se había encargado de lo mismo), manteniéndolo cautivo y dominado según estos intereses corporativos. Estos grupos, todos cercanos y emparentados en negociados, tras la fachada democrática, con algunas concesiones democráticas, realmente mantuvieron incólumes las grandes transacciones y negociados en su poder.

El general Rodríguez y su entorno, al ver surgir nuevas figuras políticas, y candidaturas potables en la oposición, que sin muchas consideraciones ni bases ideológicas que los sustenten, con personalidades nuevas y deseosas de cambiar el rumbo del país, que se iban abriendo paso, logrando la receptividad del electorado, ya desligado a la opresión totalitaria, se jugaron una carta para apuntalar a su predecesor, que les mantendría a ellos cubiertos y protegidos ante cualquier posibilidad del alejamiento o control de la administración del poder. (Léase gestionar y administrar grandes y enormes caudales de dinero que empezaban a entrar al país como nuevas tecnologías, empresas, concesiones, asistencias, etc.; apareciendo la televisión por cable, la telefonía celular, nuevas inversiones, nuevas empresas agroindustriales, préstamos de desarrollo, de reactivación, etc., que debían seguir siendo administrados por ellos).

Como el empresariado en general, acostumbrado y sometido a pedir venias para realizar cualquier actividad, debido a la forzada y embarazosa convivencia con el régimen; desperezándose del tutelaje impuesto, y asumiendo con mayor convicción su rol de factor de poder decisorio, presentó una alternativa que reunía cualidades y capacidades muy atractivas para el electorado, que era el señor Guillermo Caballero Vargas.

El sector que respaldaba y trabajaba con el general Rodríguez, presentó el candidato que iba a contrarrestar esa opción.

Con una jugada magistral para conquistar el nuevo y indiscutible factor de poder que era y es la clase empresarial, el señor Juan Carlos Wasmosy, fue presentado como el candidato ideal. Empresario, multimillonario, uno de los elementos del entorno y miembro del poderoso grupo de las constructoras hidroeléctricas, era a fin al partido político de gobierno, y era la carta bajo la manga. Subsecuentemente, el empresariado abandonó a su suerte al candidato previo, que a esas alturas, ya había creado un nuevo partido político, el denominado Encuentro Nacional, que una vez nacido, a esas alturas ya, con una fuerte asimilación popular, y aún incluso, captando un repentino e impresionante caudal electoral, sobre todo el juvenil, que a esas alturas ya no se lo podía controlar ni anular.

A Wasmosy no se le conocía en absoluto como político. Candidato que salió de las galeras y cocinadas del entorno presidencial de entonces, era un poco delicado y dificultoso enfervorizar a una masa compacta y amplia de electores acostumbrados al discurso aunque carente de contenido, candente, populista y fanático, bajo líderes carismáticos y populistas. Pero lo fundamental se realizó, se conquistó al factor realmente importante, después no iba a ver problemas, a la masa electoral se lo direcciona a gusto y antojo. Esa si que era una buena obra de Stroessner, el hecho de privarle al pueblo, la capacidad de análisis y raciocinio, sometiéndolo por tantos años a la dominación, y manipulación ideológica. Lo importante no era que el candidato colorado sea conocido por nadie, lo importante era caer bien con el verdadero factor de poder como habíamos dicho previamente. El hecho de poner a Ángel Roberto Seifart, como candidato a vicepresidente, acompañando a Wasmosy en la chapa presidencial, era a los efectos de aumentar el magro caudal electoral, dado que éste último gozaba en ese momento de gran popularidad y de un importante posicionamiento en el campo político. Uno de los elementos claves para que Wasmosy acceda al poder fue el general Lino César Oviedo Silva. Mediante mecanismos coercitivos, impuso el voto a favor de este, realizando reuniones a partir de los cuarteles, y visitando el interior y distintas ciudades y zonas del país, haciendo proselitismo electoral partidario, estando en servicio activo como militar, en directa contraposición a las leyes que lo prohibían. Pero era imposible enjuiciarlo bajo imperio de las leyes, ya que el tercer poder hipotéticamente independiente, el judicial, estaba copado por magistrados pertenecientes y afines a las directrices del partido político reinante. Incluso los fiscales eran del mismo sector político, y designados todos estos, por la cúpula gobernante.

A Wasmosy se le opuso un caudillo político, también surgido y protegido del entorno stronista: Luís María Argaña. Este en principio acompañó al general Rodríguez como canciller de su gobierno. Pero debido a disputas políticas, se volvió duro opositor a él; y con un discurso donde se destacaba su pasado stronista, y su afinidad al régimen anterior, el electorado interno de su partido lo ungió candidato presidencial para el periodo 1993 - 1998. Rodríguez apeligrando sus intereses, con el general Lino César Oviedo Silva como ejecutor, forzaron y manipularon las actas electorales, forzando e imponiendo groseramente a Wasmosy sobre Argaña.

Luego de tamaña maniobra ilícita, Argaña instó al rechazo a éste candidato en las elecciones generales.

Además del empresario Guillermo Caballero Vargas, también se lanzó a la lucha por la presidencia otro candidato que fue el doctor Domingo Isabelino Laino Figueredo, representando al otrora aguerrido, perseguido y eterno rival del partido gobernante, el Partido Liberal Radical Auténtico. Un hecho que no pudo pasar desapercibido fue el extraordinario e incalculable derroche de dinero que se dieron en estas elecciones. Eran impresionante los ingentes gastos en que incurrieron los candidatos. Pero a la hora de las elecciones, uno de los factores que conspiraron en contra de los opositores fue, el hecho que el órgano electoral estaba en poder y administración gubernamental. Tal es así, que se dieron infinitas situaciones de fraudes, que no se pudieron anular u objetar, debido a esta circunstancia.

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